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Los filtros solares químicos: contaminantes emergentes

Existe una serie de compuestos químicos que la normativa europea denomina “emergentes”, que están sujetos a vigilancia para valorar si causan efectos negativos en el medio acuático y si es necesario regularlos. Cada 2 años, aproximadamente, la UE revisa la lista de observación de estas sustancias: si no hay suficiente evidencia sobre su toxicidad, se sacan de la lista, pero si se demuestra que son perjudiciales, se pasan a la lista de contaminantes prioritarios que deben regularse.

Pero, ¿qué son exactamente los compuestos emergentes?

Quizás pensemos que este problema viene de la industria química, pero lo verdaderamente preocupante es que podemos encontrarlos en productos tan cotidianos como fármacos, hormonas y productos de cuidado personal, como cremas, champús, cosméticos o filtros solares.

Y España es uno de los países donde más compuestos emergentes se han detectado en el agua.

Mientras se les trate como emergentes, estos compuestos se encuentran en una situación alegal, de modo que las depuradoras de aguas residuales no tienen ningún sistema específico para su eliminación, por lo que se vierten directamente a los ríos y al mar.

Además, están cada vez más presentes en los productos que consumimos, por lo se están introduciendo continuamente en el medio ambiente.

Echemos un vistazo a un extracto de la actualización de la lista de observación de sustancias emergentes publicada el 3 de marzo de 2025:

(Fuente: https://www.miteco.gob.es/)

Al hablar de los agentes de protección solar, todas pensamos en la crema de la playa, pero lo cierto es que estos compuestos se utilizan también como aditivos en pinturas, textiles, productos de limpieza y los famosos pellets de granza para fabricar diferentes tipos de plástico. Estos protectores le dan al producto final una mayor resistencia a la degradación solar. Por eso los plásticos son tan persistentes en el medio y podemos llegar a encontrar envases en la playa de hace casi un siglo.

Pellets de plástico en la playa

(Foto: Limpiarousa https://www.instagram.com/limpiarousa/)

Envase antiguo encontrado en la playa

(Foto: gobolino https://www.instagram.com/_gobolino_/)

¿Dónde está el peligro en los agentes de protección solar?

Los filtros ultravioleta afectan a la vida de los ecosistemas, causando daños a nivel hormonal, reproductivo y físico.

Los arrecifes de coral se están blanqueando debido, en parte, a que estos productos afectan al alga fotosintética que vive en simbiosis con ellos. Esta alga muere, causando también la muerte de los corales, de manera que acaba desapareciendo la biodiversidad asociada a ellos (peces, crustáceos, etc). Además, sin la fotosíntesis, deja de fijarse el CO2 del aire (los arrecifes de coral son importantes sumideros de carbono atmosférico), con lo que dejan de contribuir a la mitigación del efecto invernadero.

Blanqueamiento de corales

(Foto: Greenpeace https://www.greenpeace.org/)

Los filtros solares tienen una gran afinidad por las grasas, presentes en los tejidos vivos.

Se ha detectado octocrileno en todo tipo de organismos: algas, zooplancton, peces (incluyendo el pescado comercial), delfines y otros depredadores, que los van acumulando a medida que pasa el tiempo (bioacumulación). Además, la concentración también aumenta cuanto más arriba estemos de la cadena trófica (biomagnificación).

Bioacumulación y biomagnificación. Fotos: Alteraah https://alteraah.com/

Pero nuestra intención no es demonizar el uso de las cremas solares: es importantísimo proteger nuestra piel de los rayos ultravioleta, como ha demostrado ampliamente la comunidad científica. Nos gustaría haceros más conscientes de las consecuencias que tienen los protectores químicos y que, a la hora de comprar una crema solar, seamos críticas y rechacemos las que lleven en su composición cualquiera de las sustancias que aparecen en la lista de observación.

Conclusiones

Existen otras fórmulas de protección física, a base de óxido de zinc y óxido de titanio que son menos perjudiciales para el medio acuático y os animamos a buscar este tipo de protección en el mercado. Por desgracia, a día de hoy, la única forma 100 % ecológica de protegerse del sol es no exponerse a él.

Yvonne Márquez de Eugenio

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no es plástico todo lo que reluce

NO ES PLÁSTICO TODO LO QUE RELUCE

Somos muchas las personas concienciadas con la protección de nuestro entorno y cada vez se suma más gente a actividades de voluntariado de limpieza en playas pero, ¿hasta qué punto sabemos distinguir los restos naturales de los plásticos?

Hace poco, un compañero que ha participado en limpiezas con una asociación con la que colaboro habitualmente, nos mandaba fotos de la bolsa de “residuos” que había recogido en una playa donde estaba paseando. Resultaron ser huesos de sepia. Enseguida le advertimos de su error y le pedimos que los devolviera a la playa.

Hueso de sepia (Foto: Blog La Gata Sabionda https://gatasabionda.blogspot.com/)

Tenemos muy buena intención y ésa es una cualidad fantástica y muy deseable, pero en ocasiones, la falta de información o criterio hace que una buena acción en potencia resulte en un perjuicio para nuestra amada naturaleza.

Lamentablemente, estamos más familiarizados con los plásticos en nuestro día a día que con los elementos naturales. Y esto sucede porque seguimos muy desconectados de la naturaleza en la burbuja de asfalto de la ciudad y la sentimos como un ente independiente. Pero la realidad es que vivimos en la Tierra, somos una especie más en el ecosistema y nuestra subsistencia depende del entorno que nos rodea.

Os daré otro ejemplo de algo que parece plástico, pero no lo es: las velas del hidrozoo Velella velella, también conocido como “velero”, “vela de mar” o “vela púrpura”.

Velero orillado y restos de una vela (Foto: Central Coast Public Radio https://www.kcbx.org/)

Esta criatura con aspecto de medusa del tamaño de una moneda de 2 €, es totalmente inofensiva y se encuentra habitualmente en nuestras costas en primavera.

A mí también me ha pasado que he confundido un alga blanca seca, como la lechuga de mar (Ulva lactuca), con una bolsa de plástico, pero basta con cogerla para ver que su consistencia y textura son diferentes, por lo que la observación será nuestra gran aliada para no liarla.

Algunos consejos

Tampoco hay que agobiarse si eres es la primera vez que haces esto de limpiar en playas porque eres de interior, como yo. Las cosas se conocen con la práctica.

Es muy recomendable empezar a hacer limpiezas en grupos organizados que te pueden resolver estas dudas con facilidad, pero si no quieres esperar a poder participar en una y quieres ayudar ya sin hacer “pupita” a la vida marina, te recomiendo que te descargues la app de iNaturalist (https://www.inaturalist.org/).

Se trata de una aplicación de ciencia ciudadana que se alimenta de las fotos de animales, plantas, rastros y huellas que los usuarios suben y sirve para identificar lo que estás viendo… siempre que sea de origen natural. Basta con que hagas una foto y la subas a esta app. Es importante que indiques la ubicación aproximada donde te encuentras para que afine mejor la identificación, ya que la “bichería” podrá ser distinta entre el Atlántico y el Mediterráneo, y no digamos si estás al otro lado del charco. La app te podrá dar varias opciones y, si no lo tienes claro y eliges una al tuntún, en poco tiempo otro usuario experto te hará la corrección.

En cualquier caso y aunque no tengas dudas de lo que encuentras, tus fotos serán muy valiosas para seguir alimentando esta base de datos y, si la usas con frecuencia, vas a aprender un montón; incluso con los insectos que puedas encontrar dentro de tu propia casa.

Yvonne Márquez


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Filipinas: turismo masivo, expansión israelí y luchas locales 

Filipinas: turismo masivo, expansión israelí y luchas locales 

En septiembre de 2024 escribimos sobre el turismo masivo y las formas de viajar de manera sostenible. La idea de que “si no viajas, no tienes vacaciones” está tan extendida que, en cuanto hay un puente, muchas personas sienten la necesidad de desplazarse. Y así, destinos como el archipiélago de Filipinas se están llenando de visitantes —principalmente del norte global— en busca de playas de arena blanca, aguas transparentes, corales y tortugas marinas.

En este artículo analizamos cómo funciona el turismo masivo en dos islas: Boracay y Siargao. Veremos cómo se ha desarrollado, qué impactos genera y cómo se están organizando las comunidades locales. Finalmente reflexionaremos sobre qué es estar o ir de vacaciones. 

ISLA DE BORACAY: Del paraíso de arena blanca al colapso ambiental

Antes de 1970, Boracay era prácticamente desconocida más allá de Filipinas. Su popularidad explotó cuando empezó a aparecer en películas estadounidenses en los años 70 y 80, y poco después llegaron la electricidad, las construcciones y el auge del turismo masivo. Con el paso de las décadas, la isla se llenó de hoteles de lujo, bares, carreteras improvisadas y una población flotante que llegó a superar los dos millones de turistas en 2024.

Foto: Agenttravel. 

El problema: todo este crecimiento se hizo sin planificación. 

La falta de sistemas de tratamiento de aguas, la contaminación, los macro y microplásticos, el uso masivo de gasolina en las embarcaciones y la destrucción de los arrecifes transformaron el ecosistema de la isla. En 2018, Boracay tuvo que cerrar seis meses para su rehabilitación oficial debido a que se había convertido, en palabras del propio gobierno filipino, en un “pozo séptico”.

Sin embargo, muchas voces locales aseguran que el cierre favoreció a los grandes desarrollos turísticos. Pequeños negocios fueron expulsados para dar paso a infraestructuras orientadas al turismo internacional, como un nuevo aeropuerto y la construcción de un casino. Además, comunidades que tradicionalmente vivían en la costa fueron desplazadas al “mainland”, la isla de Panay. 

Resistencia local: “No to Boracay Bridge”

Hace 5 años que conocí a mi amiga Lizlit, ella es de Filipinas y nos conocimos en el máster que hicimos en la Universidad del País Vasco (EHU). Este año he tenido la oportunidad de ir a visitarla y así, poder transmitiros mis vivencias.

Hablando con personas locales, la mayoría destacaba los beneficios económicos del turismo: “sin turismo no tenemos dinero, y sin dinero no tenemos vida”. Aun así, observé un movimiento importante: en muchos barcos aparecía el cartel “No to Boracay Bridge”.

Este movimiento se opone a la construcción de un puente entre Boracay y la península de Malay, una obra que reduciría el transporte marítimo local —del que dependen cooperativas de barqueros y tricicleros— y transformaría la dinámica de la isla. 

fotografía de Reddit

La comunidad local Ati ha declarado que Boracay es su hogar ancestral y un lugar sagrado. Cada viaje en barco simboliza la conexión con su cultura. Temen que el puente no solo les quite su sustento, sino también parte de su identidad y dignidad. 

Locales se han organizado y finalmente parece que han conseguido que no se construya el puente ya que,  una resolución provincial publicada el 8 de octubre de 2025 advierte que el puente agravaría la contaminación, afectaría ecosistemas frágiles y perjudicaría las condiciones sociales y económicas de la población local.

ISLA DE SIARGAO: Retiro espiritual de soldados israelíes

La isla de Siargao ha sido históricamente famosa sobre todo por la comunidad surfista. Ha sido proclamada la capital del surf de Filipinas y es también el sitio con más turismo masivo del sur de Filipinas. Sin embargo, recientemente la isla se está volviendo el lugar de «descanso y recuperación» de soldados israelíes después del servicio militar y con depresión post guerra. 

Movimientos locales denuncian que esta llegada masiva está derivando en un proceso de colonialidad turística, con personas israelíes:

  • comprando terrenos
  • construyendo casas y escuelas privadas
  • organizando fiestas exclusivas
  • alterando ecosistemas frágiles

La situación se tensó cuando trabajadores y residentes empezaron a denunciar abusos por parte de turistas israelíes: comidas sin pagar, actitudes de superioridad, conflictos violentos e incluso agresiones. Estas denuncias —primero privadas— estallaron públicamente en redes locales y evidenciaron tensiones acumuladas: la dependencia económica del turismo, la desposesión de comunidades locales, la pérdida de acceso a playas, la priorización de negocios sobre residentes y la acumulación de basura. 

A esta preocupación se sumó un plan para construir un Chabad House, interpretado por parte de la población como un intento de crear un “Pequeño Israel” en Siargao.

Este contexto intensificó la solidaridad local con Palestina y alimentó una crítica más profunda al modelo de turismo masivo y el modelo extractivista como fenómeno colonial.

Organización comunitaria

Ante esta situación, la población local se está organizando.

Foto: Butalat (online media Philippines)

El colectivo Project Paradise Community, busca crear espacios de convivencia segura entre visitantes y residentes. Han implementado un sistema de QR para registrar quejas por comportamientos turísticos inapropiados. 

El 18 de septiembre de 2025 organizaron una manifestación en solidaridad con Palestina y en contra la proliferación de asentamientos israelíes, ante el riesgo de que se construya un chabad house. Podéis encontrar más información en el perfil de instagram de la artista local de Siargao Maria Tokong, cantante a la que quiero agradecer su activismo en redes he conocido a todas estas asociaciones y problemáticas de la isla de Siargao.

Foto: Ocean tribe Philippines.

Además del aspecto social, los movimientos locales denuncian el impacto del turismo masivo en los ecosistemas: embarcaciones que destruyen corales, residuos acumulados y pérdida de biodiversidad. El proyecto mencionado “project paradise community” junto con “ocean tribe philippines” organizan charlas de concienciación ambiental, e informan sobre formas de turismo sostenible como por ejemplo, proponen soluciones como zonas de fondeo con cuerdas para evitar que las anclas arrasen el fondo marino.

Me alegró especialmente encontrar el proyecto «Eco Hub Siargao» que organiza recogidas de basura en las playas dos veces al mes, y actividades de educación ambiental. Me recordó a Ola sin Plástico y a la importancia de la lucha ecofeminista colectiva  interconectada, donde cada colectivo aporta un pequeño gran gesto.

¿A qué llamamos vacaciones? 

Los casos de Boracay y Siargao muestran que el turismo masivo no es solo una cuestión de movilidad o descanso: es un fenómeno profundamente político, atravesado por desigualdades entre el norte y el sur global.

En ambas islas:

  • los ecosistemas están al límite
  • las comunidades locales pierden espacios, identidades y modos de vida
  • el turismo se convierte en un modelo extractivo similar a cualquier industria colonial. 

Quizá la pregunta no sea “¿A dónde vamos de vacaciones?”, sino: 

¿Podemos imaginar unas vacaciones que no se construyan sobre la destrucción de la vida de otras personas y ecosistemas?

En un mundo atravesado por desigualdades, viajar debería ser un acto consciente, no una huida. Y quizá una de las formas más radicales de resistencia sea recuperar la idea de que descansar también puede significar quedarse, cuidar, tejer redes y defender los territorios —los propios y los ajenos. La organización comunitaria en Filipinas nos recuerda que siempre hay alternativas: redes, resistencias y formas de habitar que ponen la vida —humana y no humana— en el centro.

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La pesca fantasma: el verdadero terror de los mares

La pesca fantasma: el verdadero terror de los mares

Imagina lo siguiente: un pequeño barco, una persona pescadora con su red, y al día siguiente… parte de esa red ha desaparecido o se ha enganchado en el fondo del mar. Esa red que se perdió no desaparece por arte de magia: se queda en el agua, flotando o entre las piedras, atrapando peces, tortugas, aves marinas, entre otras especies. Esa es una red fantasma: un instrumento de pesca abandonado, perdido o descartado que sigue causando problemas en el mar.

Aunque muchas veces pensamos en la gran pesca cuando hablamos de contaminación por plásticos o material perdido, la pesca artesanal —aquella que realizan embarcaciones pequeñas, de bajo coste y cerca de la costa— también tiene su parte de responsabilidad. Y no por ser pequeña deja de generar un impacto importante.

¿Qué papel juega la pesca artesanal en este asunto?


Cuando una embarcación pequeña sale al mar con sus redes, trampas y anzuelos, la escala es mucho menor que la de los grandes buques, pero los riesgos siguen presentes. Las redes pueden perderse fácilmente por una boya suelta, un anclaje flojo, un enganche con las rocas o una tormenta inesperada, y muchas veces no hay una forma sencilla de recuperarlas. Tirarlas al mar o no preocuparse por rescatarlas acaba siendo la opción más rápida, y con el tiempo esas pequeñas pérdidas, repetidas por muchas embarcaciones, se acumulan y se transforman en un problema enorme: trozos de red, nailon y restos plásticos que se convierten en trampas acuáticas y que, poco a poco, se degradan hasta transformarse en microplásticos.

¿Qué efectos tienen estas redes fantasma en el mar y en nosotras y nosotros?


Las redes de pesca y los restos que quedan en el mar (trozos de nailon, anzuelos, boyas, cabos…), a pesar de ya no ser utilizados, siguen haciendo lo que fueron creados para hacer: atrapar. Una red perdida no deja de pescar por estar abandonada. Al contrario, puede seguir capturando peces, tortugas, delfines, aves marinas o incluso focas durante meses o años, en un proceso conocido como ghost fishing. Lo más triste es que esos animales quedan atrapados sin posibilidad de escapar, y la red continúa su ciclo, enredándose en otros organismos o desplazándose con las corrientes para repetir la historia en otro lugar.

Además, el daño no termina ahí. Cuando estas redes se asientan sobre los fondos marinos, aplastan corales, cubren praderas de posidonia y bloquean el paso de la luz, impidiendo que la vida marina crezca y se desarrolle. Con el tiempo, las fibras de plástico se van rompiendo en fragmentos cada vez más pequeños, hasta transformarse en microplásticos que se mezclan con el plancton y se cuelan en la cadena alimentaria. Así, lo que empezó como una red abandonada termina en el estómago de un pez y, con el tiempo, puede llegar también a nuestra alimentación.

Un estudio publicado en Marine Pollution Bulletin (Richardson, 2021) indica que más del 45 % de los macroplásticos que flotan en el océano proceden directamente de instrumentos de pesca perdidos o abandonados. Es decir, casi la mitad de la gran basura plástica que flota ahí fuera nació en cubierta.

Y si miramos más de cerca, el problema no se limita a las grandes redes. Los cabos de amarre, los restos de sedal o incluso los pequeños trozos de espuma que se desprenden de las boyas también terminan formando parte del paisaje submarino. Cada trozo libera microfibras sintéticas que no desaparecen nunca y que pueden ser ingeridas por peces, crustáceos y moluscos. Algunos estudios recientes han encontrado microplásticos en el 100 % de las muestras de mejillones y ostras analizadas en costas europeas. Es decir, el problema ya no está “allá abajo”: está también en nuestros platos.

En el fondo, lo que dejan las redes y los residuos de pesca es una especie de contaminación silenciosa y persistente. No se ve desde la orilla (aunque en nuestras limpiezas de playas se recoge gran cantidad), pero transforma los ecosistemas poco a poco, volviendo el mar más pobre y menos vivo. Por eso, cada red recuperada, cada trozo de cabo retirado o cada esfuerzo por reducir el uso de plásticos en la pesca es una pequeña victoria. Porque el mar, si le damos un respiro, tiene una increíble capacidad de regenerarse. Y si empezamos a cuidar lo que dejamos en él, aún podemos devolverle algo de lo que nos da cada día.

En resumen…


No se trata de culpar a las personas pescadoras artesanales, sino de reconocer que cada pequeña red perdida suma, y que la contaminación por plásticos y residuos de pesca no es solo cosa de grandes barcos. Si queremos que nuestras costas, nuestras olas, nuestros mares —y nuestras playas— sigan estando limpias y vivas, todas las personas tenemos que poner de nuestra parte: quienes pescan, buceadoras y buceadores, ciudadanía, voluntariado y asociaciones.

Así que la próxima vez que veas una red vieja en el puerto o que hables con alguien que pesca cerca de la costa, plantéate esto: ¿cómo podría haberse evitado esa red perdida? ¿Qué pequeño cambio podemos hacer mañana? Porque esos pequeños cambios, multiplicados por muchas embarcaciones, muchas personas y muchas playas… pueden marcar la diferencia.

Para más información acerca de los microplásticos, no dejes de visitar nuestro artículo “Microplásticos: un macroproblema.”

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Olaf, un alma surfera y solidaria. Looking smile

A Olaf le conocimos hace unos meses gracias a su proyecto Looking Smile. Se puso en contacto con nosotras a través de Instagram, nos propuso sumarnos a su proyecto Looking Smile organizando una pequeña recogida de residuos en la playa de Berria y no pudimos negarnos a participar en el evento. Sentimos que Olaf tiene mucho para contarnos sobre el surf, sobre su proyecto Looking Smile y sobre su relación con le pueblo Saharahui, y por eso hemos querido compartir con nuestra comunidad esta entrevista. ¡No te la pierdas!

OLAF Y EL SURF

Hola, Olaf. Gracias por querer responder a nuestras preguntas. Nos gustaría conocerte un poco y saber cuáles son algunas de tus inquietudes. Empecemos por el surf. ¿Cuándo entró el surf en tu vida?

  • Muy buenas familia. Pues el surf entró en mi vida a eso del 1999 cuando yo tenía 8 años. Recuerdo que fuimos de vacaciones a Euskal Herria y vi por primera vez a surfistas en directo y dije: Yo quiero probar – y ahí fue donde di mi primer curso. Años más tarde di algún que otro curso. Y ya a mis 18 años empecé por libre, hasta el día de hoy.

¿Prácticas asiduamente surf?

  • Pues si no estoy en alguna zona donde no hay olas ya por temas de trabajo o visitando a la familia, surfeo cada día que puedo. Si se puede cada día, cada día.  Jejeje

¿Cuáles son tus rincones favoritos para practicar surf (si es que se puede saber)?

  • Para no poner una infinidad de sitios resumiré con que me gusta mucho surfear en la costa Cantábrica. Aquí hay olas de todo tipo.

¿Y dónde te gustaría surfear al menos una vez en tu vida? 

  • Pues la verdad es que pondría muchos lugares… Vamos a decir Mundaka, ya que nunca la he surfeado por la cantidad de gente que va.

¿Qué es lo que más te gusta de surfear?

  • Lo que más me gusta de surfear principalmente es el entorno, el poder estar en plena naturaleza con todo su esplendor. Hermosa, enérgica y pura. Luego una cosa que me ha flipado siempre de este deporte es el hecho de que una vez en la ola y bien posicionado si no te mueves la ola te lleva, y eso es algo que siempre me ha vuelto loco, en ese deporte casi no haces nada, te dejas llevar. Ahí claro ya entran otras cosas de que si maniobras, movimientos, etc

OLAF Y LOOKING SMILE

Nos gustaría que nos hables de Looking Smile. ¿Qué es Looking Smile y de dónde te vino la idea o inspiración para crear este proyecto? 

  • Pues Looking Smile es un proyecto personal que empezó en 2015, bueno la idea surgió en 2014 en mi primer viaje a Marruecos. Como soy una persona bastante inquieta en varios aspectos de la vida, pensé que si me iba de viaje pero al mismo tiempo podía intentar aportar algo a la comunidad durante el trayecto pues mejor que mejor. Y así lo hice, me cargué la furgoneta de trajes de segunda mano, tablas de surf de segunda mano, material escolar y algo de ropa y asi empezo todo. 2 años más tarde ya ubicado en Cantabria empecé con las Jornadas de surf solidarias con el foco en dar la oportunidad de surfear a niñas y niños con riesgo de exclusión social. Y así hasta día de hoy, 10 años más tarde.

¿Cuál es el objetivo o los objetivos principales de Looking Smile? 

  • El objetivo principal del proyecto es dar la oportunidad a todo el mundo de poder disfrutar de algo que nos apasiona, el surf. Todos sabemos que es un deporte complicado y no especialmente económico. Y con eso queremos hacerlo un poco más accesible. Y luego al mismo tiempo queremos dar prioridad también a los temas medioambientales, ya que al ser una actividad en plena naturaleza y tan abierta como son las playas, queremos concienciar a la gente de que hay que cuidar nuestro entorno, que no solo se trata de disfrutarlo, sino de intentar darle algo a cambio.

SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO SAHARAHUI

Este año hemos tenido la suerte de poder participar en el día de Looking Smile en Berria y hemos visto tu conexión con el pueblo Saharahui. ¿Qué nos puedes contar sobre esto?

  • Pues a ver, desde pequeño ya tuve vínculo con un niño Saharaui que venía a mi pueblo con el programa de Vacaciones en Paz y desde entonces fue una cosa que siempre me ha interesado. A raíz de mi amistad con la gente de Río de oro Durangaldea empezamos a hacer las jornadas de surf solidarias con las y los peques que vienen en verano.

Algo fundamental que creas que la gente que te lea debe saber sobre el pueblo Saharahui.

  • Algo fundamental y que la gente tiene que saber es que la situación del Sahara occidental sigue sin haberse resuelto y, como no, España tiene mucho que ver con eso. Muchas personas siguen viviendo en campos de refugiados. Aunque parezca mentira todas las personas podemos aportar algo.

OLAF Y EL CUIDADO DEL PLANETA

No queremos acabar la entrevista sin preguntarte sobre qué haces en tu día a día por el cuidado del planeta. 

  • Pues a mi medida intento ser consciente de cada acto que hago día a día para que afecte lo menos posible, desde no mover el coche si no es necesario a no comprar algo si verdaderamente no lo necesito.

¿Intentas consumir poco plástico de un solo uso? Si es así tienes algún consejo para las personas que te lean, que pueda servir de inspiración.

  • Pues sí, el tema del plástico ya sabemos que es muy complejo, pero sí, mi reducción de consumo de plástico es severa desde hace ya años, y la reutilización de cosas es el pan de cada día en casa. Un consejo típico que le doy a la gente que me pregunta es que yo compro la pasta Barilla solo porque va envasada en cartón. Simplemente.

Una última cosa que te gustaría decir a la gente que te lea…

  • Disfruta de la vida, pero aporta y ayuda.

Olaf, muchísimas gracias por tu tiempo y tus respuestas. Gracias por ser inspiración y transmitir tan buena energía.

Si quieres conocer a Olaf y su proyecto puedes entrar en su página de Instagram. Si además te interesaría participar como voluntaria o voluntario en la próxima edición de Looking Smile en la playa de Berria el verano que viene, sólo tienes que poner atención a lo que publiquen en sus redes. El cambio y la transformación vienen de los pequeños gestos, y muchos de estos pequeños gestos vienen de gente aparentemente pequeña, pero que en el fondo son muy grandes, como Olaf.

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Verano, fiestas y pasarlo bien sin ensuciar el planeta

VERANO, FIESTAS Y PASARLO BIEN SIN ENSUCIAR EL PLANETA

¿Es posible pasar un verano divertido, con fiestas y sin ensuciar el planeta? Aún laten en mis ojos las imágenes de las secuelas de las fiestas en Elantxobe. Si no las has visto te dejo abajo el enlace del vídeo compartido desde EguzkiEH. Me parecieron tan tristes, tan desagradables que por eso estoy escribiendo este artículo. Sí, prometimos volver en septiembre, pero es que aún quedan las fiestas de muchos pueblos, incluídas las de Bilbao. Y nos preocupa mucho lo que pueda pasar. Sé que un artículo no va a cambiar el mundo pero siempre digo que si hace pensar al menos a una persona, el objetivo ya estará cumplido.

GESTOS QUE YA NO DEBERÍAMOS HACER NUNCA MÁS

Hay gestos en nuestra cultura que están normalizados y no debería ser así. Te pongo un par de ejemplos, a ver si te suenan.

  1. Voy a un bar, me pido mi vinito, un par de pinchos y cuando acabo tiro al suelo las servilletas y los palillos.
  2. Voy fumando por la calle y lanzo la colillas lo más lejos posible, a poder ser a una alcantarilla o junto a un árbol.
  3. Me compro un paquete de pipas y tiro las cáscaras al suelo.

Total… ya vendrá alquien después a limpiarlo, ¿verdad?

Y si estoy de fiesta lo mismo, fumo y tiro la colilla al suelo, como un bocata y si tengo que dar un paso hasta la papalera pues mejor dejo caer el envoltorio. Además, hay mucha gente para llegar hasta los contenedores de basura…Me tomo mis litros con los y las coleguis y dejo las botellas en donde he bebido, tiradas en mitad de una plaza, de un parque, delante de un bar,…, da igual, total… estoy borracha, me lo quiero pasar bien y me da igual la basura, ya vendrá alguien a recogerlo después.

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¿Es posible hacer fiestas sin dañar el planeta?

PARA REFLEXIONAR

3 preguntas para reflexionar:

  1. ¿Te lo pasas mejor por dejar la basura en cualquier sitio?
  2. ¿Eres más libre por poder beber y dejar tus restos en el suelo?
  3. ¿De verdad crees que lo que tu hagas no va a cambiar nada?

¿QUÉ PUEDO HACER PARA REDUCIR BASURA EN FIESTAS?

Hacer lo siguiente no te va a suponer un gran esfuerzo, no le va a quitar diversión a tu fiesta y terminarás agradeciéndolo con el tiempo.

  1. Usa vasos reutilizables (de esos que te dan en las txoznas para que reutilices) te sirven para todas las fiestas de tu vida. Ahorras dinero y recursos naturales. Otras dos ideas.
  2. Deposita tus colillas en una papelera o cenicero. una colilla contamina 50 litros de agua dulce y 10 litros de agua salada.
  3. Cuando comas el bocata guarda el envoltorio hasta que veas una papelera (no vale una papelera que está desbordada, seguro que a unos pasos encuentras otra más vacía).
  4. Si haces litros coge la bolsas con todas las botellas vacías o semivacías y tíralas en un contenedor.
  5. Pide tus bebidas «exóticas» sin pajita (da igual que sea de papel) salvo que tengas problemas para deglutir no necesitas una pajita para beber.
  6. Pásatelo bien con conciencia.

Cuánto respetas el entorno dice mucho de cuánto respetas al resto y de cuánto te respetas a ti mismo/a. Y sí, lo que tu haces es muy importante porque sumado a lo que hacen miles de personas es lo que marca la diferencia en que después de una fiesta el pueblo dé asco o sea un lugar en el que seguir disfrutando.

Gora Celedón! Gora Marijaia! Gora aste nagusiak! y que vivan todas las fiestas de pueblos, pueblitos y pueblazos (pero sin basura, por favor)

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