Maite Pelayo Blas
LOS PLÁSTICOS QUE NOS COMEMOS
Los residuos plásticos son un problema global de gran impacto medioambiental que afecta a nuestra salud y requiere corresponsabilidad colectiva
Los plásticos están presentes en nuestras vidas, en objetos de uso cotidiano, en la ropa de fibras sintéticas, en las artes de pesca, en las bolsas, cubiertos, vasos y platos desechables, en globos, neumáticos, en algunos cosméticos… Están en el aire, en el agua, en el mar, en los alimentos… un material muy difícil de eliminar del entorno, un residuo que tiene una vida muy larga y que se va fragmentando en trozos cada vez más pequeños hasta hacerse prácticamente invisible permaneciendo durante cientos de años.
La “era del plástico”
La alerta saltó hace unos años cuando una investigación de Orb Media advirtió de que fragmentos muy pequeños de plásticos estaban presentes en el agua del grifo de todo el mundo. Desde entonces, múltiples estudios han corroborado una realidad alarmante: vivimos en la “era del plástico”, miramos alrededor y realmente estamos rodeados de plástico que vemos y también que no vemos, un material que, además, aún se recicla poco, eso en el caso de que sea reciclable.
Más de 400 millones de toneladas de plástico se producen en el mundo cada año, de las cuales menos del 10% se recicla. Alrededor de 11 millones de toneladas acaban cada año en lagos, ríos y mares, lo cual equivale aproximadamente al peso de 2.200 torres Eiffel juntas, según Naciones Unidas (2025). Y ese plástico no desaparece, sino que se desintegra en partículas pequeñísimas que se introducen en el medio ambiente a nivel global y se extienden en toda la cadena alimentaria desde el agua al aire y a los alimentos afectando a la salud del planeta, de los animales y de las personas.
Los microplásticos, pequeñas partículas de plástico del tamaño de una milésima de milímetro llegan a los alimentos, el agua y el aire. Se calcula, según esas mismas fuentes oficiales, que cada habitante del planeta consume más de 50.000 partículas de plástico al año, y muchas más si se tiene en cuenta la inhalación.
Respecto a las fuentes de esos microplásticos es sorprendente ver que aunque pensamos en objetos de plástico, como por ejemplo bolsas o envases, se ha visto que las fibras de la ropa al lavado incluso la fricción del uso de los neumáticos pueden desprender gran cantidad de partículas de plástico al medio ambiente.

Impacto en el medio ambiente y en nuestra salud
Una lavadora puede liberar hasta 700.000 microfibras en cada lavado. Ese agua va a los sistemas de depuración pero los fragmentos son tan pequeños que los sistemas de filtrado no los eliminan y acaban en ríos, pantanos y océanos… También los microplásticos generados por los neumáticos son arrastrados por las lluvias y terminan en el mar, las redes y artes de pesca fragmentadas, las aguas residuales…¡el mar es el gran receptor de residuos plásticos afectando a su flora y fauna con un enorme impacto en los ecosistemas oceánicos!
Una vez que están en el mar, el plancton y los organismos filtradores, como los mejillones, al filtrar tantos litros de agua, concentran los microplásticos en sus organismos sin eliminarlos de tal manera que el pez grande va comiéndose al chico y va cada vez concentrando más esos microplásticos que finalmente acaban en nuestro plato.
Porque precisamente son los seres marinos de los que también nos alimentamos los que están mostrando mayor nivel de concentración de microplásticos. Pero no solo ellos, alimentos como la sal, la miel, el té o el arroz han resultado tener gran cantidad de estos contaminantes.
Las investigaciones han demostrado la presencia de micro y nanoplásticos (partículas aún más pequeñas) en nuestros órganos incluidos nuestros pulmones y el cerebro.
Realmente no se conoce todavía el alcance del plástico que estamos consumiendo y lo que preocupa, no sólo ese plástico como material que sí puede llegar a tener productos nocivos para la salud, sino que además tiene la capacidad de absorber, es decir de pegar otras sustancias químicas que pueden estar en el medioambiente como contaminantes persistentes nocivos para la salud y de actuar como una especie de caballo de Troya introduciéndose en nuestro organismo. El problema es realmente muy complejo.
De ahí que sea tan importante eliminarlo del medio marino, cuando aún es visible, evitando así que se fragmente y pase a formar parte de los ecosistemas retirando todo el plástico que podamos en nuestros paseos por la playa o el monte y, desde luego, cambiando algunos hábitos cotidianos.

Lo que podemos hacer
Cambiar nuestra forma de consumo, reducir, reducir y reducir su uso : rechazarlos, no permitir la presencia de tantos plásticos en nuestra vida. Reutilizarlos y reciclar los plásticos…
- La alimentación es un sector que utiliza muchísimos plásticos:
- Usar bolsas de tela si vamos a la compra
- Comprar a granel evitando los alimentos sobreenvasados y plastificados. Gran parte del plástico fabricado se destina a envases alimentarios.
- Utilizar botellas rellenables o beber agua del grifo.
- Consumir alimentos locales y de temporada evitando los producidos en invernaderos.
- Preferir el uso de plásticos biodegradables.
- Reciclar los plásticos, aunque desgraciadamente las tasas de reciclaje siguen siendo bajas y su reciclado tiene aún muchas limitaciones económicas, logísticas y técnicas.
- El sector textil también es muy contaminante, utilizar prendas de materiales naturales como el algodón y no caer en la tentación del consumo impulsivo de ropa de usar y tirar.
- Paseos sin plástico: aprovechar los paseos por la playa para recoger plásticos cuando aún son visibles y retirarlos del entorno es una excelente forma de evitar que se fragmenten en el medio ambiente dañándolo de manera irreversible. La integración del deporte con la recogida de residuos se conoce como “plogging” : una disciplina nacida hace una década en Suecia que combina el deporte al aire libre, como correr o caminar, con la recogida de plásticos y basura del entorno. Esta práctica que fusiona plocka upp (recoger) y jogging (trotar), ideal para practicar en familia, es beneficiosa para la salud mientras cuida del medio ambiente.

El futuro está en el ecodiseño
Además del uso de plásticos biodegradables (se desintegran en pocos años en el medio ambiente) en sustitución de los convencionales es fundamental que se integre el fin de vida de estos materiales desde la propia concepción del producto. Esto implica priorizar la reutilización (envases retornables) y la durabilidad para minimizar residuos, además de reducir materia prima sin perder funcionalidad.
El ecodiseño también busca minimizar la liberación de microplásticos durante el uso por ejemplo evitando la liberación de microplásticos durante el uso y lavado de tejidos sintéticos.
Una sociedad más responsable con menor presencia de plásticos convencionales y con objetos diseñados desde el inicio para integrarse en ciclos de economía circular evitando la generación de residuos de larga duración es la mejor estrategia para conseguir a medio plazo un planeta más saludable libre de microplásticos.
| Macro, micro y nanoplásticos según su tamaño Se trata de partículas muy pequeñas e incluso microscópicas que proceden, en parte, de la fragmentación de plásticos mayores visibles a simple vista. Por su difícil degradación, permanecen en el medio ambiente durante décadas incorporándose a la cadena alimentaria. Pueden introducirse en nuestro organismo mediante de los alimentos, pero también al inhalarlos o incluso a través de la piel.Aunque a menudo se habla, en general, de “microplásticos” (elegida palabra del año 2018) para englobarlos a todos, en realidad reciben diferentes nombres dependiendo de su tamaño:Macroplásticos: plásticos visibles con un tamaño superior a 5mm. Suelen tener origen en objetos grandes o en etapas iniciales de fragmentación.Microplásticos: fragmentos, fibras, esferas, gránulos, escamas… con tamaños entre 5 mm y una micra (0.001mm, es decir una milésima de milímetro). Nanoplásticos: fragmentos plásticos extremadamente pequeños, con un tamaño inferior a una micra del orden del nanómetro (millonésima de milímetro).La evidencia científica actual sobre la exposición y toxicidad de estos contaminantes es limitada aunque, según las últimas investigaciones, tendrían un triple efecto sobre la salud: como partículas físicas, como contaminantes químicos y como agentes microbiológicos por los posibles microorganismos que pueden proliferar en ellas. |
