Océanos, calentamiento global y El Niño
Aunque no vivas en un entorno costero, has de saber que la vida en la Tierra depende esencialmente del océano. Más del 70% de la superficie del planeta está cubierta de agua marina. Somos “el planeta azul”.
Los océanos Atlántico, Pacífico, Índico, Ártico y Antártico forman parte de una única masa de agua global interconectada.

El océano regula el clima global, participa en la producción de oxígeno, almacena carbono, transporta nutrientes y sostiene una gran biodiversidad.
Regulación del clima
El océano amortigua la temperatura de la Tierra absorbiendo gran cantidad de calor del sol, que se redistribuye a través de procesos atmosféricos y de corrientes oceánicas, conectando regiones que geográficamente están muy alejadas. Por tanto, los procesos que ocurren en un lugar pueden influir en ecosistemas y comunidades ubicados a miles de km de distancia.

La corriente AMOC
Una de las corrientes fundamentales de la Tierra es la Atlantic Meridional Overturning Circulation (también conocida como AMOC), que hace circular el agua desde el norte hacia el sur y viceversa en un largo y lento ciclo, llevando calor a varias regiones del planeta, como nuestro continente europeo, y transportando nutrientes necesarios para sostener la vida oceánica.
Sin embargo, en los últimos tiempos hay indicios de que la corriente AMOC se está parando: hay una “mancha” de agua fría del deshielo de Groenlandia por el calentamiento global, que está haciendo de tapón y bloquea la circulación de esta corriente.
Si la AMOC se parara completamente, Europa tendría un clima comparable al de Canadá o al del sur de Siberia, con temperaturas glaciales, debido a su latitud.
Pero las consecuencias climáticas serían más catastróficas, si cabe, en otras regiones del planeta: el calor de la AMOC que no llegase a Europa se desplazaría hacia el sur y se extendería el desierto del Sáhara. Además, la franja de mayores lluvias del planeta también se desplazaría hacia el sur, con lo que dejaría de llover en zonas como el Amazonas o la selva africana.

Aceleración del calentamiento global
Desde el 2014 se viene observando una aceleración del calentamiento global por 2 motivos principales:
- El planeta está absorbiendo el triple de radiación solar de la que emite al espacio debido a:
- un aumento de los gases de efecto invernadero,
- una mayor penetración de los rayos solares en la atmósfera porque se ha vuelto más transparente desde que se usan menos aerosoles,
- la pérdida de albedo motivada por el deshielo (con menos superficie helada “blanca” se refleja menos sol).
Los océanos venían absorbiendo el 90% del exceso de calor asociado al cambio climático, pero están alcanzando su punto de saturación.
- El fenómeno de El Niño
El Niño y La Niña
El Niño y La Niña son procesos naturales cíclicos que se originan en el Pacífico (el océano más grande del planeta, que tiene mayor capacidad de absorción de calor) y que, a pesar de su lejanía, modifican las condiciones climáticas en gran parte del planeta.
El Niño y La Niña son fases opuestas de un patrón climático que altera las temperaturas del Pacífico ecuatorial y, al mismo tiempo, conlleva cambios en la atmósfera situada sobre sus aguas.
El Niño es la fase cálida y La Niña es la fase fría.

Cuando hay Niño, se calienta más la atmósfera y almacena más humedad que “secuestra” de la superficie de la Tierra produciendo sequía. Cuando se dan condiciones de bajas presiones, se producen precipitaciones en forma de grandes trombas de agua que, en zonas muy secas, provocan inundaciones.

Los episodios de El Niño alteran los patrones de temperatura y modifican la distribución de las precipitaciones en diversas regiones y, por lo general, ejercen un efecto de calentamiento del clima mundial.
El Niño cada vez libera más calor que la fase fría de La Niña no es capaz de reabsorber.
Y aunque no hay indicios de que el cambio climático aumente la frecuencia o la intensidad de los episodios de El Niño, sí que puede amplificar sus efectos: el incremento de las temperaturas del aire y del mar hace que fenómenos meteorológicos extremos, como las olas de calor y las lluvias torrenciales sean más energéticos.
Las consecuencias de El Niño
Actualmente la temperatura de la Tierra es 1,65ºC más alta que en la era preindustrial (el Acuerdo de París establecía el compromiso de no superar un incremento de 1,5ºC y no alcanzar los 2ºC).
Un aumento en la temperatura de la Tierra de 1,5ºC es comparable al cuerpo de un ser humano con más de 40 ºC: la Tierra “tiene fiebre”.
El Niño del 2026 nos llevará a un incremento global de 1,8ºC.
En 2027 se espera otro Superniño de intensidad sin precedentes que puede llevar a los 2ºC.

Incremento de la temperatura global desde 1940 y proyección esperada (Créditos: Copernicus)
Llegar a esos 2ºC supondría un incremento en la Península Ibérica de 3,2-3,5ºC, haciendo que en algunas zonas del sur se alcanzasen en verano a los 50ºC y, en comunidades costeras del norte, como Euskadi, podría llegarse a los 45ºC que, con la humedad ambiente, se haría aún más sofocante. Estas condiciones son incompatibles con la vida, no sólo animal, sino también vegetal.
Y quizás ni siquiera el aire acondicionado pueda aliviarnos eventualmente porque los compresores no están diseñados para trabajar a temperaturas tan altas y se producirían sobrecargas en la red eléctrica, con posibles apagones.
Además, las tempestades serían más intensas en el Mediterráneo, habría más olas de calor (con los consecuentes incendios) y más ciclogénesis explosivas en el norte en invierno.
Todo esto acabará afectando a los cultivos, llevándonos a una crisis alimentaria.
La llegada del Superniño de 2027 está movilizando a la comunidad científica de todo el mundo para exigir a los gobiernos que tomen medidas para actuar frente el riesgo climático asociado a este evento.

A nivel internacional existe la iniciativa “El Niño warning”, donde se puede firmar una carta argumentada científicamente y dirigirla a la autoridad competente de cada país para que tome cartas en el asunto.
Para los países hispanohablantes, el trío formado por Fernando Valladares y Antonio Turiel, investigadores del CSIC, y Juan Bordera, periodista y guionista, está impulsando el movimiento “Alerta el Niño”, donde podéis contribuir con vuestra firma.
El riesgo es real y más vale que estemos preparadas.
Yvonne Márquez de Eugenio
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