Filipinas: turismo masivo, expansión israelí y luchas locales
En septiembre de 2024 escribimos sobre el turismo masivo y las formas de viajar de manera sostenible. La idea de que “si no viajas, no tienes vacaciones” está tan extendida que, en cuanto hay un puente, muchas personas sienten la necesidad de desplazarse. Y así, destinos como el archipiélago de Filipinas se están llenando de visitantes —principalmente del norte global— en busca de playas de arena blanca, aguas transparentes, corales y tortugas marinas.
En este artículo analizamos cómo funciona el turismo masivo en dos islas: Boracay y Siargao. Veremos cómo se ha desarrollado, qué impactos genera y cómo se están organizando las comunidades locales. Finalmente reflexionaremos sobre qué es estar o ir de vacaciones.
ISLA DE BORACAY: Del paraíso de arena blanca al colapso ambiental
Antes de 1970, Boracay era prácticamente desconocida más allá de Filipinas. Su popularidad explotó cuando empezó a aparecer en películas estadounidenses en los años 70 y 80, y poco después llegaron la electricidad, las construcciones y el auge del turismo masivo. Con el paso de las décadas, la isla se llenó de hoteles de lujo, bares, carreteras improvisadas y una población flotante que llegó a superar los dos millones de turistas en 2024.
Foto: Agenttravel.
El problema: todo este crecimiento se hizo sin planificación.
La falta de sistemas de tratamiento de aguas, la contaminación, los macro y microplásticos, el uso masivo de gasolina en las embarcaciones y la destrucción de los arrecifes transformaron el ecosistema de la isla. En 2018, Boracay tuvo que cerrar seis meses para su rehabilitación oficial debido a que se había convertido, en palabras del propio gobierno filipino, en un “pozo séptico”.
Sin embargo, muchas voces locales aseguran que el cierre favoreció a los grandes desarrollos turísticos. Pequeños negocios fueron expulsados para dar paso a infraestructuras orientadas al turismo internacional, como un nuevo aeropuerto y la construcción de un casino. Además, comunidades que tradicionalmente vivían en la costa fueron desplazadas al “mainland”, la isla de Panay.
Resistencia local: “No to Boracay Bridge”
Hace 5 años que conocí a mi amiga Lizlit, ella es de Filipinas y nos conocimos en el máster que hicimos en la Universidad del País Vasco (EHU). Este año he tenido la oportunidad de ir a visitarla y así, poder transmitiros mis vivencias.
Hablando con personas locales, la mayoría destacaba los beneficios económicos del turismo: “sin turismo no tenemos dinero, y sin dinero no tenemos vida”. Aun así, observé un movimiento importante: en muchos barcos aparecía el cartel “No to Boracay Bridge”.
Este movimiento se opone a la construcción de un puente entre Boracay y la península de Malay, una obra que reduciría el transporte marítimo local —del que dependen cooperativas de barqueros y tricicleros— y transformaría la dinámica de la isla.
La comunidad local Ati ha declarado que Boracay es su hogar ancestral y un lugar sagrado. Cada viaje en barco simboliza la conexión con su cultura. Temen que el puente no solo les quite su sustento, sino también parte de su identidad y dignidad.
Locales se han organizado y finalmente parece que han conseguido que no se construya el puente ya que, una resolución provincial publicada el 8 de octubre de 2025 advierte que el puente agravaría la contaminación, afectaría ecosistemas frágiles y perjudicaría las condiciones sociales y económicas de la población local.
ISLA DE SIARGAO: Retiro espiritual de soldados israelíes
La isla de Siargao ha sido históricamente famosa sobre todo por la comunidad surfista. Ha sido proclamada la capital del surf de Filipinas y es también el sitio con más turismo masivo del sur de Filipinas. Sin embargo, recientemente la isla se está volviendo el lugar de «descanso y recuperación» de soldados israelíes después del servicio militar y con depresión post guerra.
Movimientos locales denuncian que esta llegada masiva está derivando en un proceso de colonialidad turística, con personas israelíes:
- comprando terrenos
- construyendo casas y escuelas privadas
- organizando fiestas exclusivas
- alterando ecosistemas frágiles
La situación se tensó cuando trabajadores y residentes empezaron a denunciar abusos por parte de turistas israelíes: comidas sin pagar, actitudes de superioridad, conflictos violentos e incluso agresiones. Estas denuncias —primero privadas— estallaron públicamente en redes locales y evidenciaron tensiones acumuladas: la dependencia económica del turismo, la desposesión de comunidades locales, la pérdida de acceso a playas, la priorización de negocios sobre residentes y la acumulación de basura.
A esta preocupación se sumó un plan para construir un Chabad House, interpretado por parte de la población como un intento de crear un “Pequeño Israel” en Siargao.
Este contexto intensificó la solidaridad local con Palestina y alimentó una crítica más profunda al modelo de turismo masivo y el modelo extractivista como fenómeno colonial.
Organización comunitaria
Ante esta situación, la población local se está organizando.
Foto: Butalat (online media Philippines)
El colectivo Project Paradise Community, busca crear espacios de convivencia segura entre visitantes y residentes. Han implementado un sistema de QR para registrar quejas por comportamientos turísticos inapropiados.
El 18 de septiembre de 2025 organizaron una manifestación en solidaridad con Palestina y en contra la proliferación de asentamientos israelíes, ante el riesgo de que se construya un chabad house. Podéis encontrar más información en el perfil de instagram de la artista local de Siargao Maria Tokong, cantante a la que quiero agradecer su activismo en redes he conocido a todas estas asociaciones y problemáticas de la isla de Siargao.

Foto: Ocean tribe Philippines.
Además del aspecto social, los movimientos locales denuncian el impacto del turismo masivo en los ecosistemas: embarcaciones que destruyen corales, residuos acumulados y pérdida de biodiversidad. El proyecto mencionado “project paradise community” junto con “ocean tribe philippines” organizan charlas de concienciación ambiental, e informan sobre formas de turismo sostenible como por ejemplo, proponen soluciones como zonas de fondeo con cuerdas para evitar que las anclas arrasen el fondo marino.
Me alegró especialmente encontrar el proyecto «Eco Hub Siargao» que organiza recogidas de basura en las playas dos veces al mes, y actividades de educación ambiental. Me recordó a Ola sin Plástico y a la importancia de la lucha ecofeminista colectiva interconectada, donde cada colectivo aporta un pequeño gran gesto.
¿A qué llamamos vacaciones?
Los casos de Boracay y Siargao muestran que el turismo masivo no es solo una cuestión de movilidad o descanso: es un fenómeno profundamente político, atravesado por desigualdades entre el norte y el sur global.
En ambas islas:
- los ecosistemas están al límite
- las comunidades locales pierden espacios, identidades y modos de vida
- el turismo se convierte en un modelo extractivo similar a cualquier industria colonial.
Quizá la pregunta no sea “¿A dónde vamos de vacaciones?”, sino:
¿Podemos imaginar unas vacaciones que no se construyan sobre la destrucción de la vida de otras personas y ecosistemas?
En un mundo atravesado por desigualdades, viajar debería ser un acto consciente, no una huida. Y quizá una de las formas más radicales de resistencia sea recuperar la idea de que descansar también puede significar quedarse, cuidar, tejer redes y defender los territorios —los propios y los ajenos. La organización comunitaria en Filipinas nos recuerda que siempre hay alternativas: redes, resistencias y formas de habitar que ponen la vida —humana y no humana— en el centro.

